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Las frutas son verdaderas medicinas naturales. Las sustancias que contienen (proteínas, vitaminas, sales minerales, oligoelementos, etc.), ayudan al organismo a hacer frente a los desgastes de energía y a mantener la salud.
El empleo de las frutas con fines terapéuticos tiene miles de años de antigüedad. Hipócrates, el padre de la medicina, empleaba el jugo de la granada para curar diversos males y decía a sus pacientes “Que tu alimento sea tu único medicamento”. Y vaya que tenía razón.
Las frutas fortalecen nuestras defensas, desintoxican al organismo, lo proveen de energía, mejoran las funciones del hígado y los riñones, favorecen la eliminación de ácido úrico y favorecen las funciones intestinales gracias a su fibra. En forma de jugos, ayudan a hidratar el cuerpo y permiten que el cuerpo asimile más rápidamente sus nutrientes. Para aprovechar al máximo sus beneficios, lo ideal es comerlas crudas.
Aquí presentamos una lista de frutas y sus respectivos aportes curativos. Sin duda, lo natural siempre es lo mejor.
Albaricoque. Auxiliar en casos de anemia, estreñimiento y catarro.
Ciruela. Indicado para tratar cansancio caries, gripe y catarro. Cuando ya está madura, es un poderoso laxante.
Cereza. Ideal para tratar problemas crónicos de la vesícula biliar.
Coco. Ataca las lombrices, mejora los casos de anemia y la fatiga mental.
Frambuesa. Indicado para casos de anemia y para neutralizar la acidez.
Fresa. Auxiliar en casos de hipertensión, estreñimiento, diabetes y reumatismo. Asimismo, neutraliza la acidez.
Granada. Ideal para tratar molestias de la vejiga.
Guayaba. Auxiliar en casos de anemia, afecciones cardíacas e hipertensión.
Higo. Es un poderoso laxante.
Limón. Ayuda en el tratamiento del acné, mala digestión, defensas bajas, colesterol alto e infecciones.
Mandarina. Es desintoxicante y limpia las vías respiratorias.
Mango. Ayuda a fortalecer los huesos, dientes y el corazón. Su fibra favorece las funciones intestinales.
Manzana. Mejora la circulación, reduce el colesterol alto y el estreñimiento, evita la arterosclerosis y la obesidad.
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